¿Dónde está el límite entre querer estar bien y obsesionarse por la belleza?
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¿Dónde está el límite entre querer estar bien y obsesionarse por la belleza?

La gran mayoría estamos de acuerdo en la importancia del cuidado diario de la piel, los dientes o el cabello. Todos comprendemos la importancia de arreglarnos y tener una buena imagen, tanto por nosotros mismos como por los demás, incluyendo familia, amigos o relaciones de trabajo. Hace muchos años se trataba sólo de ir limpio y bien peinado. Después surgió la importancia de ir bien vestido y, en el caso de las mujeres, ligeramente y bien maquilladas.

Más tarde, con la evolución de la medicina, apareció la cirugía estética. En un principio, se consideró un tratamiento de rejuvenecimiento agresivo y caro que sólo estaba al alcance de algunas personas que vivían de su imagen. Sin embargo, las técnicas quirúrgicas iniciales alteraban de forma exagerada los rasgos naturales de la persona y de esta forma, la cirugía estética pasó a considerarse un tratamiento antinatural que, en vez de reflejar un rostro más joven, conseguía una imagen artificial y monótona de “operado”.

Tratando de huir de esta artificialidad, se ha ido desarrollando una serie de tratamientos médicos estéticos que consiguen cuidar y mantener la piel más joven, sana y natural. Hoy en día esto es posible sin necesidad de producir cambios visibles en nuestra estética facial.

Cuando se hace un uso responsable de estos tratamientos se obtiene un resultado natural y armónico con la edad de la persona. Una pequeña cantidad de toxina botulínica y de ácido hialurónico combinados con algún tratamiento de láser o peeling cada cierto tiempo consiguen un buen resultado. Hoy en día, la mayoría de personas para las que su imagen es importante se cuidan y realizan tratamientos inocuos de este estilo.

Sin embargo, sin un buen concepto de la belleza, se puede pecar de un uso excesivo o inapropiado de algunas de estas técnicas. En este sentido, es muy importante el consejo estético del médico y la confianza que el paciente deposita en éste a la hora de decidir qué tratamientos son los más adecuados para cada persona. 

Tratando de huir de esta artificialidad, se ha ido desarrollando una serie de tratamientos médicos estéticos que consiguen cuidar y mantener la piel más joven, sana y natural

Un exceso de toxina botulínica, ofrece un rostro artificial y “paralizado” que además, reduce la capacidad de comunicación interpersonal al eliminar los gestos naturales de la cara. Es cierto que con la toxina botulínica se pueden “borrar” ciertas arrugas de expresión. Pero no se trata de eliminar arrugas sino de suavizarlas e impedir que profundicen. No hay que olvidar que “una arruga cuidada puede ser bella y necesaria”.

Tampoco ofrece un resultado armónico, la aplicación de un exceso de volumen en ciertas zonas de la cara como son los labios o los pómulos. 

No hay que olvidar la importancia de realizar los tratamientos de rejuvenecimiento de forma escalonada y periódica en los momentos en los que estén indicados, nunca antes ni después. No es recomendable, desde un punto de vista estético, intentar rejuvenecer 10 o 20 años con pocos tratamientos agresivos.

Es necesario aprender a darle la importancia adecuada a la presencia física, ni más ni menos. Y es nuestro deber, como médicos especialistas en rejuvenecimiento facial, saber aconsejar bien para ayudar a mejorar no sólo en la estética. 

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