No permitas que tus hijos "se pongan rojos" al sol
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No permitas que tus hijos "se pongan rojos" al sol

Los dermatólogos estamos acostumbrados a recibir en estas fechas un gran número de pacientes, adultos y niños, con diversas alteraciones cutáneas producidas como consecuencia directa de la exposición solar aguda: quemaduras solares, alergia al sol o reacciones de la piel por contacto con plantas y posterior exposición solar, entre otras.

Ya conocemos los múltiples efectos positivos del sol, principalmente sobre la síntesis de vitamina D y sobre su influencia en el estado de ánimo y en la regulación del ciclo sueño-vigilia. Pero también sabemos que para beneficiarnos de todo ello sólo necesitamos unos minutos de exposición al día.

Sin embargo, el daño que puede producir una quemadura solar o una exposición solar intensa será irreversible, para siempre y quedará almacenada en la información genética situada en el interior del núcleo de las células del cuerpo humano. Con los años este daño se manifestará en forma de manchas, arrugas y cáncer de piel.

¿Por qué las primeras exposiciones solares son las más peligrosas?

  1. No somos conscientes de que en primavera la intensidad de radiación ultravioleta (UVI) aumenta hasta un nivel similar al de verano. Es necesario informarnos cada día antes de salir sobre la previsión de UVI en la localidad en que nos encontremos: AEMET  y OMS
  2. Tenemos muchas ganas de sol después del invierno y no valoramos el tiempo ni el horario en el que nos exponemos.
  3. Olvidamos o subestimamos la necesidad del uso del fotoprotector: debemos utilizar filtro desde el mes de Abril hasta Septiembre (ambos incluidos), sobre todo en las horas del mediodía: de 12 a 17h.

Las personas castañas y morenas, tienen la capacidad de crear melanina y broncearse tras las primeras exposiciones al sol. Si esto se consigue de forma gradual y en horas de baja intensidad de radiación, el bronceado se considera “saludable” ya que en realidad se trata de una “protección natural” frente a la radiación solar. La melanina se sitúa encima del núcleo de la célula a modo de “sombrero” protegiendo el ADN de su interior.

Sin embargo, las personas con piel clara carecen de la capacidad de síntesis de “melanina de calidad”, es decir, no broncean o lo hacen de forma irregular y su piel siempre está expuesta al daño solar. Para ellas, el sol es mucho más peligroso y las precauciones deben ser extremas.

Cuando hablamos de los niños todas las precauciones son pocas, teniendo en cuenta que se trata de las pieles más delicadas y necesitan unos cuidados extraordinarios para evitarles graves problemas en el futuro.

El común comentario de que “a los niños hay que ponerlos al sol porque es muy sano“ o “para que cojan un poquito de color”, en realidad tiene muy poco de sentido... Expliquemos por qué:

  1. Ni el bronceado es una manifestación clínica de salud ni la piel pálida es indicativo de mala salud o enfermedad. El color de la piel es genético y la capacidad de broncearse también.
  2. “Sano” es lo que ocurre de forma beneficiosa y saludable, sin daño a ningún órgano del cuerpo. La exposición intensa al sol no produce ningún beneficio, solo daños irreparables, especialmente a los niños.
  3. Se ha demostrado que la exposición solar en niños menores de cuatro años de edad produce en la edad adulta una alta incidencia de cáncer de piel. No está aconsejado exponer a los niños directamente al sol antes de esta edad. Sólo se debe hacer de forma indirecta y en momentos de baja intensidad de radiación ultravioleta (UVI 1 ó 2).
  4. Al niño le molesta el sol todavía más que a los adultos. Su piel es más fina y todavía no tiene la cantidad necesaria de melanina para protegerse de la radiación ultravioleta.
  5. Los ojos infantiles están más expuestos al daño solar ya que sus pestañas son más cortas y finas. El iris suele ser más claro y los ojos más sensibles a las radiaciones.
  6. Los niños se deshidratan más fácilmente que los adultos debido al calor del sol.
  7. Los niños están más expuestos al daño solar ya que  dependen de las medidas de protección solar que utilicen sus padres y cuidadores: horarios de exposición solar, uso de toldos, sombras, gafas de sol, filtro solar, camisetas de manga larga, pantalones largos, gorra…

Uno de los principales riesgos de la primavera ocurre en los patios de los colegios. Muchos niños van al colegio sin filtro solar, y sin gorra, y sin gafas de sol… Y en muchos colegios, hay recreos después de las 12h y no hay sombra para todos… Algunos niños presentan un fototipo alto (IV o mayor) y por lo tanto puede que su piel resista la radiación ultravioleta sin dañarse. Sin embargo, en un país como España, la mayoría tienen un fototipo castaño (III) que desarrollarán el daño solar en forma de “piel roja”, pecas o peladura en las primeras exposiciones solares. Posteriormente, producirán la melanina necesaria para protegerse de las siguientes exposiciones, es decir, se pondrán morenos. El otro grupo de niños presenta un fototipo pelirrojo o rubio (fototipo I-II) y por lo tanto no tienen la capacidad de crear una melanina suficiente para protegerse del sol, es decir, siempre se queman y nunca se ponen morenos.

Los padres debemos enviar a nuestros hijos cada día al colegio con una buena dosis de filtro solar puesta y otra pendiente de reaplicar (por ellos mismos o sus cuidadores) en el interior de su mochila. También se debe transmitir a los niños la importancia de la protección solar en todos los sentidos: horarios saludables, filtros solares, ropas adecuadas, gafas de sol, gorras etc…

Dra. Virginia Sánchez

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