¿Sufre tu piel de rosácea?
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¿Sufre tu piel de rosácea?

La rosácea es una enfermedad inflamatoria de la piel que afecta especialmente a personas de raza blanca, aunque también hay casos en mestizos. Además es más frecuente en mujeres en la edad media de la vida.

Se caracteriza por afectar pieles “sensibles”, que tienen tendencia a ponerse rojas con facilidad, siendo típico el enrojecimiento intenso al pasar entre ambientes con diferente temperatura, hacer ejercicio o experimentar emociones. Suele tener un curso crónico con exacerbaciones.

El componente genético es muy importante en su desarrollo. Los estímulos vasodilatadores (cambios de temperatura, exposición solar, ejercicio, ingesta de alcohol, comidas picantes, emociones) así como el estrés, favorecen o precipitan los brotes. También tiene un papel la presencia de un parásito común, el Demodex folliculorum, que, aunque presente en la piel de muchas personas que no tienen rosácea, parece ser más abundante en los pacientes afectados. Además, está demostrado que en muchos casos, disminuir la cantidad o erradicar al Demodex mejora la rosácea.

Hay cuatro tipos fundamentales de rosácea:

            1) La cuperosico-telangiectásica, que consiste en rojez difusa fundamentalmente en la zona centrofacial, con desarrollo de vasos dilatados (telangiectasias) visibles a simple vista, similares a las varículas de las piernas.

            2) Rosácea papulo-pustulosa, que recuerda al acné por la presencia de lesiones inflamatorias y pústulas (“espinillas”) fundamentalmente en mejillas. Cuando afecta la barbilla, se denomina dermatitis perioral.

            3) Rosácea fimatosa: consiste en el engrosamiento desmesurado de la piel, fundamentalmente en la nariz, con desarrollo de glándulas sebáceas exhuberantes, que pueden hacer crecer el tamaño de la nariz de forma significativa. Afecta sobre todo a hombres.

            4) Rosácea ocular, que implica inflamación en los párpados y conjuntiva, pudiendo generar cicatrices que comprometan la visión.

El Dr. Federico Feltes considera que existen tratamientos con eficacia variable según el caso. "No hay una cura definitiva, pero existen varias armas que pueden ser de utilidad". Estos serían:

            1) El laser vascular ayuda a disminuir la cuperosis (rojeces permanentes) y las telangiectasias. Con esto se logra una mejoría estética notable, y además, los brotes tienden a ser menos intensos. También es muy útil para una mejoría rápida de un brote inflamatorio –pápulas y pústulas-.

            2) La ivermectina tópica, un antiparasitario que limita la población de Demodex, ha demostrado mejoría significativa en muchos pacientes, sobre todo las formas inflamatorias.

            3) El metronidazol tópico, un antibiótico, también es útil en casos con pústulas y en rosácea ocular (en colirio).

            4) Las tetraciclinas orales, una familia de antibióticos que tienen una fuerte actividad antiinflamatoria, responsable fundamental del efecto terapéutico.

            5) Ciertos ácidos suaves, como el azelaico, pueden ayudar a mantener la piel en mejores condiciones y disminuir la frecuencia o intensidad de los brotes inflamatorios.

            6) Los retinoides, derivados de la vitamina A que también se usan en el acné, son empleados en formas más graves (incluida la forma ocular), con resultados favorables en muchos casos.

            7) Ciertos vasoconstrictores tópicos pueden usarse para disminuir la rojez facial durante unas horas, aunque su uso a largo plazo puede ser contraproducente y debe por tanto limitarse a ocasiones puntuales.

            8) La ciclosporina, un inmunosupresor potente, puede ser necesaria en forma de colirio en la rosácea ocular.

            9) El láser de dióxido de carbono (CO2) permite una remodelación que devuelva a la nariz su forma, tamaño y textura normal en los casos de fima.

Pueden minimizarse los factores precipitantes y tratarse, pero al ser una condición con un fuerte componente genético, evitarla completamente no es posible en personas predispuestas.

Recomendamos consultar con un dermatólogo y, si hubiera afectación ocular, con el oftalmólogo para valorar el caso es fundamental, ya que se trata de una patología compleja, con múltiples abordajes terapéuticos posibles. Evitar los agentes precipitantes mencionados aquí es siempre el primer paso. 

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